El tramo conocido como las “Hoces del Jalón”, discurre entre las localidades de Huèrmeda y, de Morata. El río divide las sierras de Vicor y de la Virgen, formando un paisaje singular, abrupto, con abundantes cortados en la roca, que mantiene una importante población rupícola. Por ello, declarada “zona de especial protección para las aves”, figura en Europa para preservar este tipo de fauna.

Entre Huèrmeda y Embid de la Ribera, pédanias de Calatayud, las Hoces del Jalón ofrecen varios puntos de interés. La Peña de la Mora, sobre el puerto de Campiel, puede ser el primer observatorio; Se trata de un cerro tallado, con restos arqueológicos, bajo el cual gira el río en amplia curva. Desde este punto, el río avanza entre cortados rocosos, principalmente de cuarcita. En las cercanías de Embid, los roquedos albergan una variada población de aves rapaces: buitre negro, buitre leonado, águila real, águila-azor perdicera, halcón peregrino, alimoche común, búho real... Por las riberas del río, además de diversas anátidas, pueden verse ocasionalmente algún martín pescador y alguna garza.

Además de estos animales, también tenemos nutrias que moran en este tramo del Jalón, una zona del río cuyas orillas, salpicadas de sauces blancos y chopos, se cubren de dorados carrizos en buena parte de su recorrido, jabalís, zorros y garduñas se hallan entre la fauna que habita las laderas y las zonas altas de las cercanías.

Desde la carretera, que discurre paralela al cauce, contemplamos el sin fin de huertecillas de frutales obra de los habitantes de los pueblecitos que se apostan al paso del Rió, como: Huérmeda y Embid de la Ribera, con su arte mudéjar, Paracuellos de la Ribera, localidad interesante por su ubicación; y siguiendo el trayecto fluvial, cruzamos los núcleos urbanos de Saviñan, Morés y Purroy.

A pocos kilómetros, sobre las laderas de los montes próximos al río, se levantan los restos de Villanueva de Jalón, hoy deshabitada. Desde las alturas del fantasmal poblado, coronadas por los restos de una pequeña fortaleza, se ve serpentear al Jalón, que se aleja en busca de terrenos más dóciles tras su paso entre las roquedas de las sierras. Quedan atrás los muros de cuarcitas, el vuelo planeador de las rapaces y los colores vivos de la vegetación. Que en tan corto trayecto se concentren tantos y tan variados elementos interesantes, que no puede pasar inadvertido a quienes pretenden ver en el terreno algo más que distancias..